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MI VOCACIÓN, ES UNA BELLA HISTORIA DE AMOR.

 

Todo comenzó con una mirada tierna de amor del Padre,(Mc.10,21), me sentí profundamente amada por un ser supremo, perfecto, infinito, cuyo amor había creado todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, visibles e invisibles,(Col,1,16) era muy pequeña, tenía 10 años y desde entonces mi ser buscaba siempre encontrarme con esa mirada de amor, en ocasiones me apartaba a la soledad, al silencio, en el terreno de mi casa, que era bastante grande , y de alguna manera experimentaba esa presencia, pero sentía el deseo de más, más intimidad.

Poco a poco mi vida fue buscando a ese Dios en el sacramento de la Eucaristía, de la reconciliación, y  en la participación de la comunión con la mayor frecuencia posible, ya que en mi rancho había la celebración de la Eucaristía dos veces al mes. Pero yo sabía que Jesús Eucaristía se encontraba en la Iglesia, escondido en el sagrario y cada vez que podía corría a la capilla para visitarlo.

Ahí ante su presencia, experimentaba un gran gozo y una profunda paz en aquel encuentro; y así mi deseo de estar más tiempo con El iba en aumento, e inicié la búsqueda para  ver la forma de estar más tiempo en su presencia. Ciertamente era El quien me atraía.

Fue entonces cuando surgió en mí la idea de ser Religiosa, de Consagrarme a El, pero, ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Con quién?  y tomé la decisión de expresar mi deseo al sacerdote que iba a celebrar la eucaristía. Ya tenía 13 años. El sacerdote me escuchó, pero sentí que no me creyó mucho,  sin embargo  dijo: Voy a buscar a ver dónde te pueden recibir porque estas muy pequeña.

Así pasaron varios días meses, y al ver que no me  llamaba para decirme que había pasado, me acerqué nuevamente para preguntarle si ya tenía quién me recibiera, pero su repuesta fue negativa.

 Al ver mi insistencia,  tomó  más en serio el asunto, y por fin un día me preguntó: ¿ya tienen el permiso de tus papás?, porque ya encontré unas religiosas que te pueden recibir. Gracias a Dios mis papás no se opusieron, y me dieron el permiso para ingresar y todo el apoyo que se necesitaba. De esta forma, ingresé con las Religiosas Misioneras Diocesanas del Carmelo el 27 de Febrero de 1979, en la ciudad de San Luis Potosí, faltaban 5 meses para cumplir mis 15 años.

Yo estaba feliz, porque lo que deseaba era estar más cerca del Señor y pasar más tiempo con El en la oración. Ahí descubrí que había varias congregaciones,  y que existía la vida activa y la contemplativa, y desde ese momento me sentí atraída por la vida contemplativa. Empecé a pedir informes con las Carmelitas ya que estaban muy cerca de la casa, pero no aceptaban  a menores de 18 años y yo tenía 15.

Después de ese dato ya no seguí buscando, pero empecé a conocer la Espiritualidad de la Cruz, y me llamó mucho la atención la vida de Conchita, pues ya había oído hablar algo de ella. En una ocasión que fui a Jesús María compré un libro que hablaba de su vida, pues quería conocerla más, fue ahí donde descubrí que existían las Religiosas de la Cruz, su fin y su carisma, e inmediatamente mi corazón se sintió atraído por su tipo de vida.

En ese momento me  puse de rodillas para pedirle a Nuestra Madre la gracias de ser Religiosa de la Cruz,   pasaba el tiempo y  se llegó el día de iniciar el noviciado con las religiosas misioneras,  yo expuse a las formadoras mi deseo de ser contemplativa y Religiosa de la Cruz, pero ellas vieron prudente que iniciara mi noviciado, pensando en que quizás se pasaría esa idea. Pasaron dos meses y mi inquietud seguía fuerte, yo me sentía muy inquieta, deseaba conocer a las Religiosas de la Cruz, Jesús, su custodia me seguía atrayendo, de verdad que me sentía realizada en los momentos de adoración, y con frecuencia pasaba a la capilla de los Misioneros del Espíritu santo que tenían en el centro en San luis Potosí, ahí Jesús siempre estaba expuesto.

 Fue ahí cuando un día al llegar hacer mi visita acostumbrada, un joven se me acercó, y me preguntó directo, ¿Con qué religiosas estás?,y ¿Porqué no te vas con las Religiosas de la Cruz?, realmente me quedé muy sorprendida, muda, no sabía qué responder, interiormente ese era mi más grande deseo, pero no sabía cómo, además no conocía a esa persona ni porque me lo preguntaba de esa forma, al ver que no sabia que contestar, me señaló un cuadro de Nuestra Madre Conchita que estaba en la puerta de entrada y me dijo: CONCHITA TE QUIERE CON LAS RELIGIOSAS DE LA CRUZ Yo lo único que le contesté fue: si el Señor me quiere ahí, él me ira abriendo camino, y me despedí, dirigiéndome hacia el altar donde estaba la custodia.

 Interiormente experimenté un gozo muy grande, y una gran paz, después de esto ya no me quedaba duda. Seguí insistiendo que yo quería visitar a las Religiosas d e la Cruz, las hermanas se portaron con mucha caridad, de inmediato sacaron una cita  y ellas me llevaron para que las conociera, ya tenía 18 años. Llegué decidida, pidiendo informes de lo que se necesitaba para ingresar, me indicaron los pasos que tenía que dar, y me pidieron que fuera a consultarlo con un Misionero del Espíritu Santo, fui lo más pronto posible.

 Yo veía que a las 12 m.d salían a confesar ahí en la capilla, no recuerdo que día fui pero me propuse llegar un poco antes para hacer un momento de oración, llevaba el libro Ante el altar, cuando me arrodille abrí el libro y  lo primero que leí fuel siguiente texto: “Tú andas como tórtola sin  nido, ¿Quieres venir conmigo para que te marchites al calor de mi tabernáculo?”… Una vez más comprendí el llamado a vivir para El en adoración de día y noche, ante esta certeza, me dirigí al confesionario y le  pedí al Padre que había llegado a confesar, que me ayudara porque yo iba a entrar con las Religiosas de la Cruz y ellas me pedían que lo consultara con un Misionero del Espíritu Santo (era el P. Jesús García),  él me quiso desanimar diciéndome que la vida de las Religiosas de la Cruz era muy dura, de mucho sacrificio, etc., y me dijo, “¿aún así quieres entrar con ellas?”, mi respuesta fue: “sí, padre”.

  El mismo Señor fue facilitando las cosas pues en un mes se arregló mi salida de la otra Congregación, y yo seguía en comunicación con las Madres de la Cruz, hubo la oportunidad de hablar personalmente con la M. Ma. Guadalupe Labarthe que en ese momento era la promotora vocacional a nivel general, ya que había ido a San Luis para arreglar unos asuntos.

 Ella me invito a realizar una experiencia vocacional en México del 26 de diciembre al 2 de Enero del año 1983, como ya estaba decidida acepté la invitación, e hice todos los preparativos para  el ingreso.  Mis papás no entendían esta decisión, les costaba mucho que me tuviera que ir más lejos, pero me apoyaban y me ayudaron para comprar lo necesario.

 La separación de mi familia fue bastante dolorosa, solo el Señor fue testigo de aquel desprendimiento, se me partía el corazón al dejar a mis hermanos muy pequeños, y con muy poca posibilidad de verlos pronto, era muy consciente de que sería para siempre. Ya con las maletas preparadas salí con mis papás para la casa de San Luis Potosí, el 23 de diciembre, me dieron su bendición e hicieron su entrega dejándome  con las madres estando de testigo el P. Jesús García M.Sp.S.

 Dormí aquella noche ahí en San Luis y salí para México el 24 de Diciembre era la primera vez que viajaba sola, físicamente estaba sola, pero me acompañaba la presencia de  Dios,  y la fortaleza  del Espíritu Santo. Pasé mi primera Navidad en el  Noviciado de Tlalpan  muy sola, no conocía a nadie, pero el Señor permitió que se dieran así las cosas. El 26 por la mañana me trasladé a la casa de Coyoacán, y ahí inicie los días de experiencia vocacional, la Hna. Martha Servin era la encargada de atendernos, pues éramos 3 las que estábamos iniciando esta experiencia especial. Realmente  todos esos días me sentí como pez en el agua, a pesar de que me enferme de gripe por los cambios de temperatura y el desgaste emocional.

 Me dieron el libro de Horas Santas, fue mi alimento espiritual en esos días, y a través de esas meditaciones se me aclaró más mi vocación a la Cruz; al terminar la Experiencia, mi decisión fue quedarme, pero faltaba la aprobación de las Madres, después del discernimiento hecho por ellas, el Señor me acepto y  entré el 6 de Enero de 1983, y desde entonces he sido muy feliz y me he sentido plenamente realizada en mi vocación de contemplativa, LA RAZÓN DE MI VIDA, ES VIVIR   TODA PARA EL, EN ADORACIÓN PERPETUA.

En este aniversario de mis bodas de plata le agradezco al Señor el don de mi vocación, y a la vez pido la gracia de la fidelidad hasta el fin.

                                                      Magdalena Sánchez Roque. rcscj