Y tú… ¿quieres compartir algo
de mi experiencia vocacional…?
“21 CON 33 : ¡SÍ FUNCIONA!”
¿Deseas compartir algo de MI VOCACIÓN O “ENCUENTRO CON JESÚS” QUE CAMBIÓ EL RUMBO DE MI VIDA…? Lo hago con cariño y deseo de que mi experiencia te sirva de algo y me ayudes a agradecer este don que recibí sin merecer.
Tenía cuatro años; mientras desayunábamos, varias veces escuché a mi papá decir a mi mamá: “Mira, nosotros nos entendemos tan bien porque los dos nos casamos en LA EDAD PERFECTA… Tú al llegar a la mayoría de edad: 21 años —así era entonces—; yo en la edad de Cristo o edad perfecta: 33 años…” Yo observaba detenidamente esto y me decía: es verdad: ¡21 con 33 SÍ FUNCIONA…! Y decidí desde entonces, seguir su ejemplo… y, además tener muchos hijos.
Al llegar a los 15 años seguía pensando lo mismo, pero los pretendientes que tenía me llevaban cuatro o cinco años… Y me dije: ¡Sueños de niña! Haz la prueba así, porque si no te quedas esperando al que te lleve 12 años… Y me comprometí con un joven que me llevaba 4. Todo bien, todo como muy formal desde el principio y la meta de él siempre era el matrimonio, lo cual me agradaba.
Por aquella época del inicio, un sacerdote me dijo un día al confesarme: ¿No te gustaría ser religiosa? Yo me indigné tremendamente… Era la ofensa más grande que había recibido… ¿De qué me veía cara? Y me dije: no, yo quiero casarme… ¡Primero muerta que monja! Me retiré del ambiente que me favorecería seguir encontrándome con ese sacerdote y decidí continuar mi vida camino al matrimonio.
Después de más de 3 años y, viendo que el muchacho ya casi terminaba su carrera profesional y seguía pensando sólo en casarse conmigo, me pregunté si de verdad yo deseaba lo mismo… Y me dije: ¡Claro que sí! No le puedo reprochar absolutamente nada, pero… pero… “hay un puntito” que le falta a este joven y no sé qué es… No puedo ni debo seguir haciendo que pierda su tiempo conmigo si no estoy totalmente dispuesta a casarme con él y si no nos vamos a hacer plenamente felices los dos… No es lo de 21 con 33… No… Haré oración para ver qué es ese “puntito” y poder decidirme… Lo invité a visitar cada día a Jesús Eucaristía en el Templo Expiatorio… Y lo hicimos con fidelidad… Él me observaba mientras oraba… Yo sólo pedía con insistencia: Si no lo voy a hacer feliz ni él a mí, así, plenamente y para siempre, ayúdame a terminar con él sin lastimarlo en absoluto, porque no tengo queja alguna de nada y sí mucho que agradecerle… Ha sido muy excelente y bueno conmigo… Insistí en mi oración y Jesús me escuchó…
El chico lo comprendió un buen día… Tampoco quiso lastimarme y optó por retirarse y esperarme… Y supe que, en un “buenas noches”, me quedaba libre para ver qué me pasaba, siendo que mi vocación al matrimonio creía tenerla clarísima…
Al día siguiente, Jesús me ofreció un nuevo estudio y me dije: Estoy libre, puedo aceptarlo. Lo hice, pero… No imaginé que, allí conocería a un sacerdote Misionero del Espíritu Santo que me invitaría, casi de inmediato, al Apostolado de la Cruz… Me resistí cuanto pude, pero… al fin acepté “como forzada por Alguien”… Y empecé a vivir una etapa muy bella… Me seguía buscando mi antiguo novio, pero yo, siempre ocupada y comprometida en todo lo que podía… Por lo pronto, esperaba la realización del sueño: ¡Casarme aunque no fuera de 21 con 33…!
Y, entre bailes sin cuento, amistades, relaciones sanas y oración, transcurrieron unos meses… Llegaron “Las Posadas” de diciembre. Fui a todas, pero no precisamente piadosas sino con baile, ya que me fascinaba… Casi al amanecer del 24 de diciembre llegué de un baile en el que me saqué el primer premio con la pareja que bailé… PERO… NO ME SENTÍA FELIZ NI PLENA… y era muy consciente de ello… Oraba… aguardaba… buscaba… aunque con mucho temor de enfrentarme con mi Dios y que me pidiera lo que claramente sabía yo que no quería… Me insistieron en el Apostolado de la Cruz que fuera a la Misa de Nochebuena, pero preferí la cena familiar con baile, porque iba un joven doctor que me agradaba… Pero tampoco estuve plena… La verdad, más bien vacía y con una añoranza infinita…
Por fin, el 25, NAVIDAD, además de ir a la Eucaristía matutina me invitaron a una a las 7 p. m. Me resistí al máximo hasta que casi a fuerza, me subieron al auto… Iba rebelde, pero BUSCABA… Y me coloqué en un sitio lateral, casi junto al altar… Me recogió Jesús… Le supliqué que NACIERA EN MÍ DE TAL FORMA, QUE FUERA DEFINITIVAMENTE… PARA SIEMPRE… Unos momentos después, Él me hizo ver LA LUZ DE MI VOCACIÓN PARA SIEMPRE… Y ME ENCONTRÉ CON EL JESÚS QUE SÍ PLENIFICABA MI VIDA TOTALMENTE… No le faltaba “ni un puntito”… Fue entonces cuando por experiencia comprendí cuál era “aquel puntito” que sí le faltaba a mi novio… Y, ACEPTÉ Y ACOGÍ A JESÚS PARA SIEMPRE POR SÓLA SU GRACIA… Jesús era Dios—hombre…
Regresé a casa PLENA… pero ya no era mi hogar… experimenté que sólo viviría allí mientras Jesús me llevaba a SU CASA… Dejé bailes, cine, todo lo que me fue posible, mientras esperaba el día feliz de mi arribo a Su Casa... Y ya no contaron para mí otras oportunidades de realización en línea de matrimonio con alguien que no fuera MI JESÚS—DIOS… Además, Él me ofrecía una FECUNDIDAD ILIMITADA… “por el mundo y la iglesia, especialmente por los sacerdotes…”
Por fin, después de larga espera para mi indecible expectación, me dieron fecha de entrada con las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, para el 31 de mayo… Yo, el anterior 28 de mayo cumpliría los 21 años… ¡Me pareció un sueño…! ¡No cabía de gozo…! Sí, aquel aparente sueño o capricho de llegar a casarme de “21 con 33” se haría realidad… Nadie supo por entonces, por qué decidí salir de casa hacia la ciudad de México ese día 28 por la noche… Era un secreto entre Jesús y yo… Ese día cumplía 21 años…
Hoy, después de muchísimos años te puedo compartir, por la experiencia vivida tan largamente… que…
“21 con 33… ¡¡¡SÍ FUNCIONA…!!!”
Gracias por tu paciencia para acoger mi bellísima experiencia… Y tú… en tu edad concreta… con Jesús de 33 años… ¿”No funcionarás de maravilla como yo…? Piénsalo…