¿Tengo vocación?
Siete pasos para el
discernimiento vocacional
Uno de los grandes retos que debes enfrentar en tu vida
es el de encontrar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia.
A ti, que buscas tu vocación, estos siete pasos te pueden ayudar
a
discernir el proyecto que Dios Padre tiene para ti.

1. Oración.
Señor, ¿qué quieres que haga? ( Hch 22,10).
La vocación no es algo que tú inventas, es un tesoro que encuentras.
No es el plan que tú elaboras para tu vida,
sino el proyecto que Dios Trinidad te propone y te invita a realizar. No es
principalmente una decisión que tú tomas, sino un regalo que recibes, una
llamada a la que respondes.
Para descubrir lo que Dios quiere de ti, haz oración.
En la oración podrás encontrar a Jesucristo y experimentar su amor; el Espíritu
Santo afinará tu oído para que puedas escuchar, y te dará fortaleza y audacia
para responder.
2. Percepción
Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía (Jr 20, 9).

Para descubrir lo que Dios quiere de ti, necesitas hacer
silencio exterior e interior, pues el ruido te impide percibir.
Percibe tus sentimientos, pensamientos, preocupaciones, deseos. Escucha tanto a
las personas que aprueban tu inquietud como a quienes la critican. Mira a los
hombres y mujeres que te rodean: ¿qué te suscitan su tristeza, su dolor, su
pobreza, su necesidad de Dios?
Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado el Espíritu Santo? ¿Cuáles han
sido los hechos más importantes de tu vida? ¿Qué personas han sido
significativas para ti?, ¿por qué? Toma conciencia de tu presente: ¿Con quién te
relacionas? ¿En qué inviertes tu tiempo? ¿Qué te hace feliz hoy? ¿Cómo es tu
relación con Jesucristo? Contempla el futuro: ¿Cómo te imaginas dentro de diez
años? ¿Qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios?
Tienes sólo una vida, ¿dónde quieres jugártela?
3. Información.
Observen ustedes cómo es el país y
sus habitantes, cómo son las ciudades que habitan, cómo es la tierra ( Nm
13,18-20).
Lo
s
caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. Querer entregar tu
vida a Dios y desear dedicarte a la construcción del Reino es necesario, pero
insuficiente; debes, además, saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.
Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente que conozcas las diversas
vocaciones. Investiga cuál es la espiritualidad que viven las diferentes
congregaciones religiosas o los institutos seculares. Visítalos y ve cómo viven:
una orden contemplativa es diferente de una sociedad de vida apostólica.
Averigua cuál es su misión y por qué medios la realizan: enseñanza, hospitales,
oración, dirección espiritual, misiones, promoción vocacional, medios de
comunicación, parroquias… Pregunta quiénes son los principales destinatarios de
su apostolado: jóvenes, pobres, sacerdotes, enfermos, niños, seminarios,
indígenas, ancianos…
4. Reflexión
Si uno de ustedes quiere construir una torre ¿acaso no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? ( Lc 14,28).
La vocación es una empresa muy grande, y es
para toda la vida. Por eso, para lanzarte, debes antes haber reflexionado
seriamente sobre ti y sobre el estilo de vida que pretendes abrazar.

Analiza tus capacidades y limitaciones.
Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la vocación —contando, desde
luego, con la gracia del Espíritu Santo—. ¿En qué te basas para pensar que Dios
te llama? ¿Qué razones a favor y en contra tienes para emprender ese camino?
¿Qué circunstancias o personas pueden favorecer o dificultar tu respuesta? ¿Qué
te atrae de ese estado de vida y qué te disgusta?
5. Decisión 
Te seguiré vayas adonde vayas ( Lc 9,57).
Habiendo descubierto lo que Dios quiere de
ti, decídete a realizarlo.
Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán
montañas: El mismo profeta Jeremías, al conocer lo que Dios quería de él, dijo
excusándose: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar,
que soy un muchacho» ( Jr 1,6). Sin embargo, consciente de tus limitaciones y
confiando en la gracia de Dios, responde como Isaías: «Aquí estoy, Señor,
¡envíame!» ( Is 6,8), o como María: «Hágase en mí según tu palabra» ( Lc 1,38).
Decir el “sí” con el cual comprometes toda tu vida es una gracia . Pídele al
Espíritu Santo que te dé esa capacidad de respuesta. Evadir la decisión equivale
a desperdiciar tu vida.
6. Acción
Jesús los llamó. Y ellos
inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron ( Mt 4,21-22).

Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te
dejes vencer por el miedo, lánzate con todo y miedo . Pon los medios necesarios
para realizar lo que has decidido. Resiste a la tentación de posponer tu ingreso
en una casa de formación: «Te seguiré, Señor; pero déjame primero…» ( Lc 9,61).
Entrar al seminario o al postulantado es el principio de un camino, pero aún no
es el compromiso definitivo —como la ordenación sacerdotal o la profesión
perpetua—. Los años de formación son también tiempo de discernimiento. Si vives
con generosidad todo lo que se te proponga, y eres transparente con los/as
formadores/as, Dios te irá aclarando si, de veras, esa es tu vocación o no; y te
dará su gracia para asumir el compromiso definitivo o para continuar tu vida
cristiana como laico/a.
7. Dirección espiritual
Levántate y vete a Damasco, allí se
te dirá todo lo que está establecido que hagas ( Hch 22,10).
La dirección espiritual no es, en realidad,
un paso más en el proceso de discernimiento vocacional; es un recurso que puedes
aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.

Tu director/a espiritual o promotor/a vocacional te motivará a orar y a percibir
los signos de la voluntad del Padre; te indicará dónde obtener información y te
ayudará a reflexionar. En el momento de la decisión te dejará solo/a, para que
tú, frente a Jesús, libremente respondas a su llamado. Te ayudará a prepararte
convenientemente para ingresar en una casa de formación.
Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede
escuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es verdad que necesitas
de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.
Es fácil hacerse ilusiones; podrías creer que es un llamado de Dios lo que sólo
es un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuando en
realidad Dios te está llamando. En consecuencia, para clarificar la autenticidad
de tu vocación, dialoga con tu director/a espiritual. Exponle con claridad y
confianza todo lo que te pasa.
Después de cada encuentro con tu director/a espiritual podrás decir: «Tengo más
luz sobre mi persona y mi proceso vocacional». «Me siento confirmado/a en mi
discernimiento». « La Iglesia me acompaña en la búsqueda de la voluntad de
Dios».